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DRONES MILITARES

En medio de un terreno desolado de Kansas, los analistas militares ven un video en directo del quehacer cotidiano de unos sospechosos en un país lejano, y deciden si viven o mueren. Estos homicidios y las bajas civiles que los acompañan tienen para ellos un coste emocional.

En una sala poco iluminada en la base de la fuerza aérea McConnell en el centro-sur del estado de Kansas, analistas de un grupo de vigilancia de reconocimiento, de la inteligencia de la guardia nacional, supervisan videos de vigilancia de drones en directo, provenientes de zonas de guerra en el Medio Oriente.

Durante el combate, los analistas se convierten en parte de una «cadena de muertes»: analizan el video de los drones en vivo y luego comunican lo que ven, en un chat de mensajería instantánea con los pilotos de aviones de combate, operadores de drones Predator y Reaper armados, además de establecer contacto con la tropas militares de tierra.

Llevan a cabo una guerra de drones mientras están cómodamente sentados a miles de kilómetros de los campos de batalla. No vuelan en los drones y no disparan los misiles. Atacan a los combatientes enemigos y establecen comunicaciones sobre lo que está sucediendo en cada momento. Este trabajo, dicen, ayuda a matar a los terroristas, incluso de Isis.

El grupo realiza este trabajo en el centro de América, en una base aérea rodeada de pastos de vacas y campos de soja. El destacamento 184 de Ala de Inteligencia de la guardia nacional de Kansas, comenzó este trabajo alrededor del año 2002. Hasta el año pasado, la mayoría de la gente de Kansas no sabía nada sobre su papel en la guerra de drones.

El trabajo es alto secreto. Dicen que ven cosas en esas imágenes de drones que nadie quiere ver. A veces, son terroristas decapitando a civiles. A veces, los civiles que mueren accidentalmente en la misiones, en las que éstos ayudan a coordinar.

La frase más escuchada en el combate con drones, dice un piloto, es: «No presiones ese botón«. Los estadounidenses esperan para disparar (porque no quieren que la familia lo vea).

Analistas que trabajan en la sala secreta de SCIF (Centro de información de compartimentos sensibles) en la base de la fuerza aérea McConnell en Wichita. Fotografía: 184º Ala de Inteligencia de la Guardia Nacional de Kansas Air

A pesar de las bajas producidas por el ataque con drones. Lo que describen los pilotos de drones de Kansas, es que gracias a sus acciones salvan las vidas de civiles y soldados, además de luchar contra los terroristas que quieren venir a por ellos. Aunque no les afectan las muertes enemigas (los terroristas involucrados), si lo hacen las muertes civiles que pesan sobre ellos. Para ellos es muy insensible decir que es un daño colateral. Se trata de vidas humanas, y hacen lo posible para mitigarlo.

La tecnología utilizada por estos pilotos de drones es extraordinaria. Los comandantes de aviones no tripulados en el Medio Oriente, pueden poner un ojo en el cielo para observar a los combatientes enemigos durante meses, si fuese necesario.

Colocan los drones encima de los objetivos que hay que vigilar y los programan para «merodear». Muchos drones pueden merodear 14 horas totalmente armados. Los operadores los reemplazan con un dron reabastecido cuando el dron anterior se queda sin carga. Cuando el enemigo está a punto de atacar a las tropas estadounidenses. Los comandantes deciden «neutralizarlos».

Cuando los comandantes ordenan estos ataques, los de Kansas se convierten en un eslabón más de la cadena de muertes, que incluye a operadores armados de drones Predator, pilotos de combate, comandantes de artillería terrestre y comandantes con autoridad para aprobar o rechazar ataques.

 

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